Openbank, ING y MyInvestor fueron las entidades financieras que más volumen de depósitos captaron entre los bancos puramente digitales en España en el primer semestre, de acuerdo a los datos recopilados por la patronal AEB.En términos absolutos, Openbank, el banco digital de Banco Santander, captó entre enero y junio un total de 1.774 millones de euros, mientras que ING se hizo con 1.647 millones de pasivo y MyInvestor elevó los depósitos en su balance en 597 millones de euros. No obstante, en función del tamaño total de balance de estas entidades, el volumen relativo de las captaciones cambia. Así, en términos relativos, N26 fue la entidad que más elevó sus depósitos de la clientela, al cerrar junio con 1.428 millones de euros, un 44,4% más que a cierre de diciembre. Por detrás se situó el portugués Banco BiG, con un alza del 35,5% que situó sus depósitos de clientes en 632 millones de euros, mientras que MyInvestor avanzó un 32,3%, hasta 2.448 millones de euros. Las dos entidades digitales más grandes del sector, ING y Openbank, registraron ritmos de crecimiento mucho más limitados que sus competidores. ING cerró el semestre con un total de 50.182 millones de euros en depósitos de clientes, un 3,4% más; mientras que Openbank avanzó un 10,7% en lo que iba de año hasta junio, alcanzando un total de 18.431 millones de euros de depósitos de clientes. Los datos consultados por Europa Press también incluyen la otra parte del balance: el crédito. A diferencia de en la captación de pasivo, aquí la evolución fue desigual entre las entidades, con algunas creciendo y otras contrayéndose.
Todo sobre las pin-ups. Desde antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando alcanzaron un éxito inesperado, tuvieron usos y significados diferentes. Durante la Segunda Guerra Mundial, las ilustraciones de chicas pin-up -mujeres con poca ropa y actitud pícara- eran tan populares que hasta los bombarderos estadounidenses llevaban una en el frente del fuselaje. En trajes de baño o ropa militar, con camisas atadas a la cintura o polleras al viento, y hasta en ropa interior, estas imágenes sensuales y a la vez ingenuas adornaban también los talleres de autos y las tiendas de campaña. “Era una época en que las mujeres tenían más y mostraban menos”, apunta Dian Hanson, editora de la colección Sexy Arts de Taschen, en The Art of Pin-up, un libro que ella compiló y que acaba de lanzar la editorial con un recuento histórico y capítulos dedicados a los diez autores más destacados del género, entre ellos, Gil Elvgren, George Petty y el peruano Alberto Vargas.
Si bien el término pin-up -”fijar con tachuelas”- se acuñó en 1941, las primeras creaciones de este tipo aparecieron hacia 1886 en revistas francesas, de la mano de Jules Chéret -conocido como el padre del póster moderno-, y en 1895, en los Estados Unidos. Entonces, Charles Dana, un dibujante de la revista Life, creó a la Gibson Girl, una fémina desenvuelta que encarnaba el espíritu de la nueva mujer que estaba naciendo. Dana la delineó jugando al tenis o andando a caballo o en bici. Eran los años dorados de la ilustración. La bicicleta había sido la gran conquista femenina -una mujer ya no necesitaba de un hombre para ir de un lugar a otro- y la lucha por el sufragio femenino en los EE.UU. Los vestidos y corsets fueron reemplazados por ropa más cómoda y también más reveladora, que marcaba, por ejemplo, las piernas, antes ocultas bajo capas de tela. “Al intentar ganarse un lugar en un mundo de hombres, las mujeres los liberaron para que estos las miraran y las apreciaran de una forma más apasionante”, escribe Hanson.
Paradójicamente, las pin-ups, símbolos sexuales creados desde el punto de vista masculino -sin connotación pornógrafica: su sex-appeal es natural y su lencería suele quedar expuesta por accidente- son una representación del feminismo, al haber animado a las mujeres a liberarse de las normas impuestas. Actualmente, según académicas como Maria Elena Buszek, de la Universidad de Colorado, se las considera “una reivindicación de la sexualidad femenina”. La imagen de estas chicas -que aparecían en situaciones domésticas, aunque siempre con cierto descaro- se utilizó para reclutar soldados en la Primera Guerra Mundial, cuando el concepto de propaganda, para exaltar el patriotismo o atacar al enemigo, se había establecido. “Caramba. Ojalá fuera un hombre, me uniría a la Armada”, decía una pin-up vestida como marinera. “Sé un hombre y hazlo”, concluía. Posters por el estilo se clavaban en las paredes. A lo largo del tiempo, las pin-ups han tenido diferentes propósitos. En la Segunda Guerra levantaban la moral de las tropas.
“Les recordaban a los hombres qué les esperaba en casa, las mujeres por las que ellos estaban luchando, y eso les estimulaba a luchar con más fuerza. Pero, de forma encubierta, se proporcionaban como estímulo sexual, ya que durante la Primera Guerra se perdieron más combatientes por enfermedades venéreas que por las balas”, le dice Hanson a LA NACION revista. “Una pin-up podía inspirar la masturbación, en vez de una noche en un prostíbulo, y por tanto, servir para que el Departamento de Guerra mantuviera a los hombres saludables”, agrega. Si bien, muchas modelos eran anónimas, estrellas como Ava Gardner, Betty Grable, Hedy Lamarr, Rita Hayworth y Jane Russell posaron para este tipo de ilustraciones, conocidas también como Glamour Art, Good Girl Art y Pretty Girl Art”. Para hacerse una idea del impacto: los estudios de Hollywood enviaron tres millones de copias a sus soldados, en el extranjero, del típico afiche de Grable en traje de baño, de espaldas y con la barbilla apoyada en un hombro, mientras miraba hacia atrás.