Un retiro o una estancia en Can Benet Vives es una verdadera experiencia. Es un regalo indescriptible que se hace una persona a sí misma, a la pareja o incluso se puede venir en familia. También es una oportunidad para establecer relaciones reales entre personas reales, de hacer nuevos amigos sumándose a la necesidad de un Detox Digital por unos días. Parque Natural certificado como Parque de Silencio por la Quiet Parks International. Es un espacio auténtico de belleza, calma y silencio a 50 km de Barcelona capital. Fácil acceso. Además, nos encontramos a sólo 20 minutos de las playas de Calella y Sant Pol de Mar. Durante su estadía, puede realizar meditaciones diarias, sesiones de sauna y otras actividades junto a la comunidad de residentes en el campus. ¿Qué más ofrece el campus? Un buffet libre con fruta fresca, jugo de limón, galletas, café y tes las 24 horas.
La posibilidad de conocer personas nuevas de tu misma sensibilidad e intereses. Habitaciones individuales, dobles y de grupo. Precios especiales entre semana o para largas estancias. Todas las habitaciones disponen de calefacción central y servicio wifi. La mayor parte cuentan con baño propio. También disponemos de dos grandes baños-ducha generales, uno para hombres y otro para mujeres. La estudiada distribución de los alojamientos, espacios de trabajo y comedores permite que coincidan hasta tres grupos distintos sin que interfieran entre ellos. El Parc del Montnegre y el Corredor es un espacio natural protegido de 15.000 hectáreas, que recientemente ha sido nombrado, gracias a la mediación de Can Benet Vives, Primer Parque de Silencio en España. Alberga 13 municipios de las comarcas catalanas del Maresme y del Vallès Oriental. El Parc del Montnegre y el Corredor está integrado por dos conjuntos montañosos, que se levantan entre el mar y la llanura del Vallès, paisajes que se aprecian perfectamente desde el campus. Al norte de este conjunto está el Montnegre, una elevación más contundente que el Corredor y que presenta las altitudes máximas del conjunto en la colina Gros y la colina de Vives. Ambas sierras tienen el punto de contacto en el collado de Collsacreu. Can Benet Vives está a una altura s.n.m. Temporada alta: Fin de semana de domingo de Ramos a lunes de Pascua. Los meses de junio, julio, agosto y la primera quincena de septiembre. Del 22 de dicienbre al 7 de enero.
Todo sobre las pin-ups. Desde antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando alcanzaron un éxito inesperado, tuvieron usos y significados diferentes. Durante la Segunda Guerra Mundial, las ilustraciones de chicas pin-up -mujeres con poca ropa y actitud pícara- eran tan populares que hasta los bombarderos estadounidenses llevaban una en el frente del fuselaje. En trajes de baño o ropa militar, con camisas atadas a la cintura o polleras al viento, y hasta en ropa interior, estas imágenes sensuales y a la vez ingenuas adornaban también los talleres de autos y las tiendas de campaña. “Era una época en que las mujeres tenían más y mostraban menos”, apunta Dian Hanson, editora de la colección Sexy Arts de Taschen, en The Art of Pin-up, un libro que ella compiló y que acaba de lanzar la editorial con un recuento histórico y capítulos dedicados a los diez autores más destacados del género, entre ellos, Gil Elvgren, George Petty y el peruano Alberto Vargas.
Si bien el término pin-up -”fijar con tachuelas”- se acuñó en 1941, las primeras creaciones de este tipo aparecieron hacia 1886 en revistas francesas, de la mano de Jules Chéret -conocido como el padre del póster moderno-, y en 1895, en los Estados Unidos. Entonces, Charles Dana, un dibujante de la revista Life, creó a la Gibson Girl, una fémina desenvuelta que encarnaba el espíritu de la nueva mujer que estaba naciendo. Dana la delineó jugando al tenis o andando a caballo o en bici. Eran los años dorados de la ilustración. La bicicleta había sido la gran conquista femenina -una mujer ya no necesitaba de un hombre para ir de un lugar a otro- y la lucha por el sufragio femenino en los EE.UU. Los vestidos y corsets fueron reemplazados por ropa más cómoda y también más reveladora, que marcaba, por ejemplo, las piernas, antes ocultas bajo capas de tela. “Al intentar ganarse un lugar en un mundo de hombres, las mujeres los liberaron para que estos las miraran y las apreciaran de una forma más apasionante”, escribe Hanson.
Paradójicamente, las pin-ups, símbolos sexuales creados desde el punto de vista masculino -sin connotación pornógrafica: su sex-appeal es natural y su lencería suele quedar expuesta por accidente- son una representación del feminismo, al haber animado a las mujeres a liberarse de las normas impuestas. Actualmente, según académicas como Maria Elena Buszek, de la Universidad de Colorado, se las considera “una reivindicación de la sexualidad femenina”. La imagen de estas chicas -que aparecían en situaciones domésticas, aunque siempre con cierto descaro- se utilizó para reclutar soldados en la Primera Guerra Mundial, cuando el concepto de propaganda, para exaltar el patriotismo o atacar al enemigo, se había establecido. “Caramba. Ojalá fuera un hombre, me uniría a la Armada”, decía una pin-up vestida como marinera. “Sé un hombre y hazlo”, concluía. Posters por el estilo se clavaban en las paredes. A lo largo del tiempo, las pin-ups han tenido diferentes propósitos. En la Segunda Guerra levantaban la moral de las tropas.