Graban en Hermosillo una Película sobre el Casino Del Diablo

HERMOSILLO.- La leyenda hermosillense sobre una jovencita que bailó con el diablo en un casino que después ardió en llamas será llevada a la pantalla grande de la mano del director sonorense Oliver Rendón. “What the Hell is Hermosillo: El casino del diablo” es el título del proyecto que comenzará a grabarse este mes en la ciudad, donde buscan resaltar esta historia acontecida en 1957 que ha trascendido de generación en generación hasta la actualidad. Esta leyenda se replica en muchas ciudades de México. Navojoa tiene su propia versión, de una chica que se va sin permiso a un baile y es conquistada por un galán que le quema la espalda y tiene una pata de gallo. Es una leyenda urbana, pero lo que pasa es que en Hermosillo tomó una fuerza mayor, porque el Country Club tiene las ruinas quemadas en la cima de un cerro y lo hace muy atractivo”, explicó Oliver para EL IMPARCIAL.

Esta producción contará la historia de un investigador paranormal que llega a Hermosillo atraído por la leyenda del Casino del Diablo, y se dará a la tarea de desentrañar todo hasta llegar a la verdad, con ayuda de la cronista de la ciudad. “Pese a que le dicen que no encontrará nada, él decide quedarse por su intuición de que hay algo más allá, de que tiene la esperanza de encontrar algo y justo como espectadores veremos qué es lo que encuentra y qué pistas va a armar junto con la cronista”, comentó. “La idea del corto surge porque hace dos o tres años, hicimos un proyecto llamado ‘what the hell is Hermosillo’, que contaba la historia de un espía ruso que llegaba por error a nuestra ciudad. Era el pretexto como para recorrer Hermosillo y tuve la ayuda de la Ocv (Ofician de Convenciones y Visitantes de Hermosillo). Ahora regresa ‘What the Hell’ pero enfocado en la leyenda”, continuó. “What the Hell is Hermosillo” es la continuación de un proyecto con el mismo nombre que se grabó hace dos años sobre un espía ruso que llega por error a la capital de Sonora, lo que le dio a Oliver la idea de continuar con más producciones con el mismo nombre, enfocadas en enaltecer los atractivos turísticos de la ciudad. “Es un pretexto para contar historias entretenidas y que se conozca a Hermosillo más que nada. Grabaremos en Villa de Seris, en la Unison, en el Centro Histórico, en varias partes de la ciudad y que la gente sepa nuestras riquezas como ciudad”, agregó.

Todo sobre las pin-ups. Desde antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando alcanzaron un éxito inesperado, tuvieron usos y significados diferentes. Durante la Segunda Guerra Mundial, las ilustraciones de chicas pin-up -mujeres con poca ropa y actitud pícara- eran tan populares que hasta los bombarderos estadounidenses llevaban una en el frente del fuselaje. En trajes de baño o ropa militar, con camisas atadas a la cintura o polleras al viento, y hasta en ropa interior, estas imágenes sensuales y a la vez ingenuas adornaban también los talleres de autos y las tiendas de campaña. “Era una época en que las mujeres tenían más y mostraban menos”, apunta Dian Hanson, editora de la colección Sexy Arts de Taschen, en The Art of Pin-up, un libro que ella compiló y que acaba de lanzar la editorial con un recuento histórico y capítulos dedicados a los diez autores más destacados del género, entre ellos, Gil Elvgren, George Petty y el peruano Alberto Vargas.

Si bien el término pin-up -”fijar con tachuelas”- se acuñó en 1941, las primeras creaciones de este tipo aparecieron hacia 1886 en revistas francesas, de la mano de Jules Chéret -conocido como el padre del póster moderno-, y en 1895, en los Estados Unidos. Entonces, Charles Dana, un dibujante de la revista Life, creó a la Gibson Girl, una fémina desenvuelta que encarnaba el espíritu de la nueva mujer que estaba naciendo. Dana la delineó jugando al tenis o andando a caballo o en bici. Eran los años dorados de la ilustración. La bicicleta había sido la gran conquista femenina -una mujer ya no necesitaba de un hombre para ir de un lugar a otro- y la lucha por el sufragio femenino en los EE.UU. Los vestidos y corsets fueron reemplazados por ropa más cómoda y también más reveladora, que marcaba, por ejemplo, las piernas, antes ocultas bajo capas de tela. “Al intentar ganarse un lugar en un mundo de hombres, las mujeres los liberaron para que estos las miraran y las apreciaran de una forma más apasionante”, escribe Hanson.

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