Acusan Conflicto De Interés en la Clausura Del Casino Winpot en Pachuca, Hidalgo

La reciente clausura del casino Winpot en Pachuca, Hidalgo, ha desatado una ola de críticas y sospechas por posibles conflictos de interés que involucran tanto a funcionarios estatales como a empresarios con estrechos vínculos en la industria del juego. Más de 200 empleados se han visto afectados por la decisión tomada por la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios de Hidalgo (Copriseh), encabezada por Luis Alberto Mercado Hernández, a pesar de que el casino cumplía con todos los permisos requeridos para operar. Este cierre ha generado una creciente controversia, especialmente en los sectores empresarial y político, quienes señalan la falta de intervención del gobernador Julio Menchaca Salazar, incluso cuando existen resoluciones judiciales que ordenan la reapertura del casino. La falta de acción ha dado pie a cuestionamientos sobre si existen intereses personales detrás de la clausura. Según documentos obtenidos por este medio, el casino Vía Dorada, ubicado a menos de un kilómetro de Winpot, podría haberse beneficiado por el cierre de su competencia.

Este casino está bajo la operación de las empresas Petolof S.A. de C.V. Hermes S.A. de C.V., cuyos accionistas incluyen a Elías Marianno Gil Valdez, actual secretario de Administración de Hidalgo. Elías Marianno Gil Valdez es hijo de Sergio Jacinto Gil García, principal accionista de Petolof y señalado en investigaciones previas como parte de una red de corrupción vinculada a la Dirección General de Juegos y Sorteos, organismo de la Secretaría de Gobernación. En 2022, Gil García fue acusado de exigir “moches” a los casineros para evitar sanciones y permitirles operar sin restricciones. Fuentes confirmadas también revelan que Gil García abrió un casino en San Jerónimo, lo que contradice las promesas del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien había declarado que no permitiría la expansión de casinos en su gobierno. Otro de los accionistas de Hermes S.A. de C.V. Juan Carlos Martínez Domínguez, conocido como “el hombre del pantalón”. De acuerdo con investigaciones de medios nacionales, Martínez Domínguez ha estado involucrado en varios casos de corrupción y fraude.

Entre las acusaciones más graves se encuentra su participación en la “Estafa Siniestra”, un esquema de desvío de fondos públicos a través de empresas fachada. Asimismo, se le vincula con la venta de tabletas de origen chino sobrevaloradas a la Secretaría de Educación Pública de Hidalgo, una transacción realizada sin licitación, por adjudicación directa. También se le señala como un operador financiero cercano al exgobernador Omar Fayad, con quien habría trabajado en la adjudicación de contratos directos y el desarrollo de proyectos inmobiliarios, entre ellos el complejo comercial Vía Dorada, cuya proximidad al casino ahora afectado genera aún más suspicacias. A pesar de contar con más de 18 años de operación y áreas exclusivas para fumadores en cumplimiento con las normativas correspondientes, el casino Winpot fue clausurado el 4 de diciembre, bajo el argumento de violaciones a la Ley General para el Control del Tabaco. Los representantes del casino, sin embargo, aseguraron haber presentado un amparo y suspensión, lo que les otorga el derecho a continuar operando sin estar sujetos a estas restricciones. El 9 y el 27 de diciembre, un juez federal emitió órdenes para que se levantaran los sellos de clausura y se permitiera la reapertura del casino. A pesar de estas resoluciones, los operadores han denunciado que la Copriseh no ha cumplido con las instrucciones judiciales, lo que ha mantenido el casino cerrado y ha dejado a más de 200 familias sin empleo. La falta de respuesta del gobernador Julio Menchaca Salazar ha generado dudas sobre su compromiso con la transparencia y la legalidad. Líderes del Consejo Coordinador Empresarial y otros actores políticos han expresado su preocupación, asegurando que este caso no solo afecta a los empleados del casino, sino que también pone en evidencia posibles conflictos de interés que involucran a funcionarios de alto nivel.

Todo sobre las pin-ups. Desde antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando alcanzaron un éxito inesperado, tuvieron usos y significados diferentes. Durante la Segunda Guerra Mundial, las ilustraciones de chicas pin-up -mujeres con poca ropa y actitud pícara- eran tan populares que hasta los bombarderos estadounidenses llevaban una en el frente del fuselaje. En trajes de baño o ropa militar, con camisas atadas a la cintura o polleras al viento, y hasta en ropa interior, estas imágenes sensuales y a la vez ingenuas adornaban también los talleres de autos y las tiendas de campaña. “Era una época en que las mujeres tenían más y mostraban menos”, apunta Dian Hanson, editora de la colección Sexy Arts de Taschen, en The Art of Pin-up, un libro que ella compiló y que acaba de lanzar la editorial con un recuento histórico y capítulos dedicados a los diez autores más destacados del género, entre ellos, Gil Elvgren, George Petty y el peruano Alberto Vargas.

Si bien el término pin-up -”fijar con tachuelas”- se acuñó en 1941, las primeras creaciones de este tipo aparecieron hacia 1886 en revistas francesas, de la mano de Jules Chéret -conocido como el padre del póster moderno-, y en 1895, en los Estados Unidos. Entonces, Charles Dana, un dibujante de la revista Life, creó a la Gibson Girl, una fémina desenvuelta que encarnaba el espíritu de la nueva mujer que estaba naciendo. Dana la delineó jugando al tenis o andando a caballo o en bici. Eran los años dorados de la ilustración. La bicicleta había sido la gran conquista femenina -una mujer ya no necesitaba de un hombre para ir de un lugar a otro- y la lucha por el sufragio femenino en los EE.UU. Los vestidos y corsets fueron reemplazados por ropa más cómoda y también más reveladora, que marcaba, por ejemplo, las piernas, antes ocultas bajo capas de tela.

Добавить комментарий

Ваш адрес email не будет опубликован. Обязательные поля помечены *