Pero, Pepillo, ¿quieres dejar al gato? Y tú, Paco, ¿quieres no meter más las manos en la lejía? Pero, Pepillo, ¿no te he dicho que dejes al minino, que te va a arañar? No, en esa silla no, que ésa no se la ofrezco yo más que a las personas que no quiero que vuelvan más por esta casa. Ahora un cigarrito, y fumando y mirandote no me cambio yo ni por la estrella del rabo. Pero, Paco, por los clavos de Cristo, ¿te quieres estar quieto? ¿No ves que hay visita? ¡Ay, señor Rafael, usté perdone! Déjalos, mujé. ¡Si no están haciendo naíta! Bueno, pues dime lo que me encomenzaste a decir, que me parece a mí que diba a ser una cosa más resalerosa que un dulce. Pos lo que yo le diba a decir a usté era que si a usté le sabe a azúcar el estar aquí, el que usté lo esté no me sabe a mí a retama.
¿A pesar de mis sesenta y pico, de mi panza y de mi pelito blanco? Pero, ahora que me acuerdo, cuando usté entró me dijo usté que tenía que decirme una cosa mu interesante. Vaya, ¡y tan interesante como es lo que te tengo que decir! Pos encomience usté ya, que ya lo escucho. Y diciendo esto, acercó Dolores una silla a la que ocupaba el viejo y sentose en ella, poniendo de relieve al hacerlo, merced a la ductilidad de la falda, sus piernas redondas como columnas y descubriendo sus pies brevísimos y arqueados que holgaban en unas chinelas no acreedoras a aprisionar tales primores. El sol, un sol otoñal, iluminaba espléndidamente la escena, el reducido patio invadido casi del todo por el lebrillo de lavar, por una higuera despojada de pámpanos y frutos y convertida en tendedero, y por la orza de la lejía, en que uno de los dos rapaces hundía los desnudos brazos, mientras su compañero impacientaba a una gata de morisca piel que sufría pacientemente sus infantiles travesuras.
Y al par que iluminaba el sol el reducido patio, la retorcida higuera convertida en tendedero y los encuerinos rapaces, bañaba en su luz al viejo, el cual aún resistía gallardamente las sesenta y pico de otoñadas que pesaban sobre sus hombros, y que aún no habían conseguido borrar del todo las huellas de su juventud en su rostro limpio, sonrosado y de expresión bondadosa y risueña. Y frente por frente al viejo destacábase Dolores, una hermosa plenitud de la vida a la que la maternidad no había logrado hurtarle turgencias y valentías en el seno, ni esbeltez en la cintura; una hermosa plenitud de ojos enormes de córnea azulada, en que las pupilas negrísimas y luminosas parecían dormir eternamente un sueño lánguido y voluptuoso; una hermosa plenitud, alta, mórbida, ondulante, de sonrisa picaresca, de pelo abundoso, de cuello tornátil, de frente amplia y noble y de voz de ritmo susurrante y desmayado. Pos, señó, lo que yo tenía que decirte era una cosa, y no sé yo si endispués de decírtela me vas a poner al sol en la puerta de tu casa.
A mí tú no me debes naíta, que, por el contrario, yo soy el que a ti te debe, porque si bien yo algo jice alguna vez en tu favor, no tiée la cosa más valer que el que tú le das, y no tiée valer arguno porque yo soy más solo que un ermitaño. Yo, gracias a un divé, y a las caballás que di por la serranía, tengo más de lo que necesito pa comer, pa merendar y pa orsequiar al sereno. Yo te quiero a ti porque cuando tu madre te sortó fue mi Rosalía, que en paz descanse, la que te dio por primera vez los tres jarabes, y desde entonces ya no te he perdío de vista ni me alejé de tu trato, y además que tú has sío mu desgraciaíta, porque tú perdiste a tu padre cuando más falta te jacía, porque tu madre te quitó su apego por ponerlo en Antoñico el del Pirulo, que en lugar de ser pa ti un segundo bato, fue pa ti el peor de tus cuchillos, porque no sólo no te quiso, sino que te robó la voluntá de tu probe madre, a la que Dios tenga en su santísima gloria. No -dijo Dolores-; la probe de mi madre me quería; pero como aquel hombre era como era. Güeno, dejemos eso, que al pasao se le dice adiós, y platiquemos de otros asuntos. Pero antes de decirte lo que yo te tenía que dicir, quisiera yo preguntarte unas cuantas cosas, si es que tú me lo permites. Pos empiece usté a preguntar lo que le dé a usté la repotentísima gana. Pos vamos a ver si me dices cuántos son los guasones que viéen tos los días a rondarte en tu aguaero. Y qué sé yo -repúsole Dolores, encogiéndose desdeñosamente de hombros-. Además, que ésos son los maderos de San Juan, que unos vienen y, otros van; pero yo no me fijo en ninguno; bastante tengo yo con este par de salcillos que me dejó al morir mi probretico Antoñuelo.
Tenga extremo cuidado al usar este sitio. Scamadviser revisa automáticamente cada sitio web en busca de 40 elementos diferentes, como quién es su propietario, si los datos de contacto están ocultos, dónde se aloja dicho sitio, cuál es la tecnología que está utilizando, y mucho, mucho más. A partir de toda la información recopilada, creamos un puntaje de confianza. Sin embargo, los ordenadores pueden equivocarse. El sitio web tiene fuertes indicios de ser una estafa, pero podría ser seguro de usar. Le recomendamos que lo visite utilizando nuestra lista de control o poniéndose en contacto con la empresa directamente. El certificado SSL es válido. DNSFilter considera este sitio web seguro. Este sitio web se ha registrado hace muy poco. Scammers in 2025 are upping their game, blending advanced AI, cryptocurrency buzz, and social media tricks to create schemes that are harder to spot than ever. From fake voices mimicking loved ones to influencers unknowingly promoting fake investments, these scams are designed to fool even the smartest among us.